Comenzamos el dia pensando como iba a ser el desayuno,
después de la super cena, y del super almuerzo anterior. Fuimos para la zona
del comedor y en la parte exterior todavía no había nada preparado. Entonces
entramos al salón y jugamos un rato al ping pong.
Despues de jugar nos enteramos que el desayuno era adentro,
en el único salón al cual no habíamos entrado. Habia muchas cosas para probar,
pero la mayoría dulce…. Tartas, arrollados, fruta, y jugos… y algunos jamones y
quesos…. Comimos lo que pudimos y después fuimos a buscar las cosas para poder
probar las famosas termas.
Tuvimos que ir a recepción para que le avisaran a la señora
que llena las tinas y al ratito ya estaba todo listo. El agua al principio
estaba super calentita, y toda la experiencia fue muy linda. Ademas estaba
bueno porque no había nadie mas, y era todo muy silencioso y relajante.
Despues de la tina fuimos al Pozon, una especie de pileta
cubierta, con techo bajo, y aguas termales también. Un ratito ahí y estábamos
listos para partir.
Cargamos todo, hicimos check out, con vuelta de tuerca, como
de costumbre, ya que la recepcionista que nos había atendido el dia anterior
nos había dicho que la habitación por noche costaba 82000 pesos chilenos, con
pension completa y termas. Lo que no nos dijo era que eso era por persona! Asi
que bueno, una “sorpresa” mas, que se sigue sumando…
Subimos al mamut con ruedas y salimos a la ruta, buscando la
Reserva Natural Rio Cipreses… Despues de un lindo camino por la montaña,
llegamos al ingreso, en un valle que encajona el rio Chapacoal. Nos atendio
Hugo, que nos explico acerca del parque, la flora y fauna, y muchas
carateristicas del lugar y lo que se puede hacer.
Era una linda alternativa para quedarse, pero necesitábamos
carpa y equipo, que no teníamos.
Seguimos viaje, volviendo hacia Rancagua, con la idea de
cambiar moneda en el mall de la calle Cuevas, y después de varias vueltas
buscando la dirección en el trafico enorme de la ciudad, pudimos llegar,
estacionar y cambiar. Despues salimos por la enorme rampa del estacionamiento,
con las dudas por la experiencia anterior, y salimos para tomar la ruta 5 al
Sur buscando el cruce hacia Malloa para ir a un pueblito perdido en el tiempo
llamado Zuñiga. Llegamos relativamente sin problemas, después de unas horas de
viaje, y tratando de acostumbrarnos a la señalización chilena, y también a la
falta de banquinas en las rutas y calles.
Zuñiga efectivamente es un pueblito muy pintoresco, con
calles arboladas, casonas con fachadas continuas y almacenes típicos. Una
parroquia antigua y no mucho mas… la idea era poder quedarnos en alguna casita
que hubiera, asi que preguntamos en un almacen a una señora bastante mayor, que
nos dijo que había una posada cerca de la parroquia, llamada Santa Clara, muy
linda, que era lo único que había allí.
Sonaba perfecto, asi que fuimos para el lugar, pero al
llegar todo parecía cerrado. Golpeamos las manos esperamos un rato y nada. Lo
raro era que había una camioneta con la puerta abierta estacionada adentro. Asi
que llamamos por teléfono y nos dijeron que no estaban trabajando ese dia, pero
que si esperábamos una hora, nos podían alojar. Entonces decidimos hacer
tiempo, dando una vuelta por el pueblo y después ir a los pueblitos cercanos,
pasando por la ruta bordeada por canales y pequeños campos sembrados y casitas
chiquitas llenas de flores.
Teniamos dudas acerca del lugar, ya que por teléfono la
confirmación quedo en un suspenso porque todavía no entendemos el uso del
“ya”…. Todo termina con “ya”…. Y no se entiende si es “esta bien” o “esta bien
pero…” o que otra cosa….
Asi que fuimos también a un pueblo un poco mas lejos,
llamado San Vicente para ver si encontrábamos otra lugar. Siendo casi las 9 y
media de la noche, y cansados de buscar algo que no encontramos, decidimos llamar
nuevamente a la Posada y nos dijeron que ya estaba todo listo, asi que
rápidamente, y con mucha suerte encontrando la salida de San Vicente, llegamos
a la Posada cerca de las 10.
Santa Clara es una casa vieja, remodelada, que tiene 14
habitaciones, una sala de estar linda y un jardín pequeño con una fuente y
muchas plantas y flores.
La dueña, Amanda, es una señora que hace 22 años que comenzó
con el proyecto, que aparte de la casa cuenta con varias hectáreas donde hacen
turismo campestre, con caballos y caminatas.
El concepto tiene muchas cosas en común con el Bed. La
habitación que nos toco era pequeña, comoda, con una baño y un espacio para
dejar el equipaje. Charlamos un rato con la dueña, ducha, y a dormir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario