viernes, 25 de diciembre de 2015

Por el campo chileno

Comenzamos el dia pensando como iba a ser el desayuno, después de la super cena, y del super almuerzo anterior. Fuimos para la zona del comedor y en la parte exterior todavía no había nada preparado. Entonces entramos al salón y jugamos un rato al ping pong.
Despues de jugar nos enteramos que el desayuno era adentro, en el único salón al cual no habíamos entrado. Habia muchas cosas para probar, pero la mayoría dulce…. Tartas, arrollados, fruta, y jugos… y algunos jamones y quesos…. Comimos lo que pudimos y después fuimos a buscar las cosas para poder probar las famosas termas.
Tuvimos que ir a recepción para que le avisaran a la señora que llena las tinas y al ratito ya estaba todo listo. El agua al principio estaba super calentita, y toda la experiencia fue muy linda. Ademas estaba bueno porque no había nadie mas, y era todo muy silencioso y relajante.
Despues de la tina fuimos al Pozon, una especie de pileta cubierta, con techo bajo, y aguas termales también. Un ratito ahí y estábamos listos para partir.
Cargamos todo, hicimos check out, con vuelta de tuerca, como de costumbre, ya que la recepcionista que nos había atendido el dia anterior nos había dicho que la habitación por noche costaba 82000 pesos chilenos, con pension completa y termas. Lo que no nos dijo era que eso era por persona! Asi que bueno, una “sorpresa” mas, que se sigue sumando…
Subimos al mamut con ruedas y salimos a la ruta, buscando la Reserva Natural Rio Cipreses… Despues de un lindo camino por la montaña, llegamos al ingreso, en un valle que encajona el rio Chapacoal. Nos atendio Hugo, que nos explico acerca del parque, la flora y fauna, y muchas carateristicas del lugar y lo que se puede hacer.
Era una linda alternativa para quedarse, pero necesitábamos carpa y equipo, que no teníamos.
Seguimos viaje, volviendo hacia Rancagua, con la idea de cambiar moneda en el mall de la calle Cuevas, y después de varias vueltas buscando la dirección en el trafico enorme de la ciudad, pudimos llegar, estacionar y cambiar. Despues salimos por la enorme rampa del estacionamiento, con las dudas por la experiencia anterior, y salimos para tomar la ruta 5 al Sur buscando el cruce hacia Malloa para ir a un pueblito perdido en el tiempo llamado Zuñiga. Llegamos relativamente sin problemas, después de unas horas de viaje, y tratando de acostumbrarnos a la señalización chilena, y también a la falta de banquinas en las rutas y calles.
Zuñiga efectivamente es un pueblito muy pintoresco, con calles arboladas, casonas con fachadas continuas y almacenes típicos. Una parroquia antigua y no mucho mas… la idea era poder quedarnos en alguna casita que hubiera, asi que preguntamos en un almacen a una señora bastante mayor, que nos dijo que había una posada cerca de la parroquia, llamada Santa Clara, muy linda, que era lo único que había allí.
Sonaba perfecto, asi que fuimos para el lugar, pero al llegar todo parecía cerrado. Golpeamos las manos esperamos un rato y nada. Lo raro era que había una camioneta con la puerta abierta estacionada adentro. Asi que llamamos por teléfono y nos dijeron que no estaban trabajando ese dia, pero que si esperábamos una hora, nos podían alojar. Entonces decidimos hacer tiempo, dando una vuelta por el pueblo y después ir a los pueblitos cercanos, pasando por la ruta bordeada por canales y pequeños campos sembrados y casitas chiquitas llenas de flores.
Teniamos dudas acerca del lugar, ya que por teléfono la confirmación quedo en un suspenso porque todavía no entendemos el uso del “ya”…. Todo termina con “ya”…. Y no se entiende si es “esta bien” o “esta bien pero…” o que otra cosa….
Asi que fuimos también a un pueblo un poco mas lejos, llamado San Vicente para ver si encontrábamos otra lugar. Siendo casi las 9 y media de la noche, y cansados de buscar algo que no encontramos, decidimos llamar nuevamente a la Posada y nos dijeron que ya estaba todo listo, asi que rápidamente, y con mucha suerte encontrando la salida de San Vicente, llegamos a la Posada cerca de las 10.
Santa Clara es una casa vieja, remodelada, que tiene 14 habitaciones, una sala de estar linda y un jardín pequeño con una fuente y muchas plantas y flores.
La dueña, Amanda, es una señora que hace 22 años que comenzó con el proyecto, que aparte de la casa cuenta con varias hectáreas donde hacen turismo campestre, con caballos y caminatas.

El concepto tiene muchas cosas en común con el Bed. La habitación que nos toco era pequeña, comoda, con una baño y un espacio para dejar el equipaje. Charlamos un rato con la dueña, ducha, y a dormir.

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